viernes, 25 de noviembre de 2011

Espejos


Hoy me levante a las 4 am, el cielo parecía rojo, era prácticamente incandescente, intenté recordar el sueño que había tenido durante la noche: Soñé con un vaso de whisky, intentaba beberlo, pero el licor escapaba de mis labios hacia el cielo.

Mis parpados se cerraron y mi mente cayó en un letargo paradisíaco, Apenas pasaron unos segundos, desperté de nuevo, pero ahora estaba en el suelo, me había caído de la cama, tenia la boca seca, sentía mis ojos pesados e irritados... No recordaba nada de lo que había pasado la noche anterior, tampoco recordaba lo que había hecho durante el día, pero tenia la sensación de que había dormido durante semanas. Fui al baño y me mire al espejo. Sentí un frió espectral que recorría mi espina dorsal, aquella figura reflejada en el cristal no era yo, se parecía pero no era mi rostro, cada vez que parpadeaba el rostro cambiaba.

No pude dormir esa noche, no estaba cansado, tampoco tenía hambre, ni sed... Solo miraba a aquel espejo... intentando descifrar aquellos rostros: sus expresiones eran enigmáticas, parecían confundidos y tristes. Sentía la necesidad  de consolarlos, sacarlos de su miseria, responder sus interrogantes, pero no podía hablarles, entonces decidí comprar otro espejo, quizás unos rostros nuevos podrían ayudarme a resolver este dilema.

La calle parecía vacía, sin vida, el cielo estaba rojo, nubes negras y grises pasaban rápidamente, no podía dejar de mirarlas, intente concentrarme y seguir mi camino a la tienda.

La puerta de la tienda, tenía demasiados detalles, cada surco en la madera era como una grieta en la tierra, podía sentir mi pesado y vetusto cuerpo caer hacia lo más profundo de aquel surco en la puerta, mi corazón ya no latía, pero un susurro exigía que siguiera hasta donde se encontraba el vendedor. No podía morir, al menos no hasta que realizara la compra.

No se lo que ocurrió camino a casa, no lo se, no lo quiero saber, pero de alguna forma llegué, quizá hubiese sido mejor jamas haber llegado, pero lo hice y todo lo demas no importa. El nuevo espejo trajo consigo nuevos huespedes, sus rostros, tan apesadumbrados como los anteriores no hicieron más que encolerizar a estos, intenté calmarlos, pero mi corazón vuelve a dejar de latir... De pronto, mis ojos ya no ven, debo estar dormido.
Tan rápido como me quedo dormido, despierto, mis manos están ensangrentadas: vidrio, yagas, dolor, tristeza. Se me escapa una risa nerviosa.


El piso esta lleno de vidrios rotos pero los rostros siguen ahí.

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