Desde la alta nube, en el cielo más oscuro... Llora mi memoria
Entre ensueños y lamentos forjo mi pena, oh, mi buen señor, desdicha suya que tenga que escuchar las congojas de este viejo.
Mas mi alma no puede dejar, llanto y amargura por su perdida. La abuela noche, quien vela todos los días tras mi puerta, no se llevó mi alma, sino la de ella.
Horror, impíos seres del anochecer, mi alma no descansa, horas, semanas, días, mi ser vaga por los manzanos que tanto te gustaban, esa fragancia que te envolvía con su manto angelical y te elevaba cual golondrina vuelve desde el frió invierno, más tu alma ha regresado a la tundra y la mia se queda... En el fuego infernal del verano.
Oh poderoso Júpiter, dime por qué, mas yo se la razón, pues mi culpa fue, que te arrebataran del verde valle hacia el ocre llano.
Horror, impíos seres del anochecer, que voy a por ti, amada mía.
Oh misericordioso Júpiter, brinda a este viejo lobo tu claro nepente, que esté dolor no desaparecerá hasta mi muerte.
Dame tu frió nepente y embriagarme... Entre el dolor y el olvido.
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